Comunicados

Declaración sobre el 2 de abril

A treinta años de la Guerra de Malvinas
¿Qué podemos aprender?

Han pasado 30 años desde la guerra por las Islas Malvinas. Recordamos con tristeza y dolor la pérdida de tantos jóvenes cuyas familias aún hoy lamentan la muerte de un padre, un hijo o un amigo. Queremos acompañarlos en el dolor y rezamos junto a ellos y a los que tuvieron la bendición de volver a casa teniendo especialmente presentes a quienes sufrieron heridas irreversibles.

La guerra sólo produce muerte y desolación. La alternativa nunca más debe ser la violencia.

Por varias décadas hemos vivido enfrentamientos y divisiones y hemos transitado un largo camino para afianzar la democracia. En nuestra Argentina de 2012 encaramos viejos y nuevos desafíos como el flagelo de la droga, la inseguridad, la fragmentación social y la exclusión de argentinos que aún quedan fuera del sistema.
Con la memoria en esa guerra y porque estamos convencidos de que el verdadero fundamento de nuestra Nación se logrará siempre con Justicia y en Paz, desde la Comisión Nacional de Justicia y Paz queremos compartir algunas ideas que nos impulsan a un mayor compromiso ciudadano para afianzar la construcción de una verdadera patria de hermanos.

1- Revalorizar la confianza en la juventud
El lema propuesto por SS Benedicto XVI para la celebración de la jornada mundial de la Paz de este año es: “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”. La propuesta es provocativa y ambiciosa. La experiencia histórica nos asiste y creemos que el tiempo actual lo requiere. Reconocemos, además, en los jóvenes de hoy muchos valores: la autenticidad, una mayor tolerancia social, la necesidad de pertenencia a un grupo, la amistad y su sentido festivo junto a sus deseos de una mayor justicia y en muchos, una vocación por la paz. Con humildad y desde nuestras limitaciones renovamos nuestro empeño por profundizar en una pedagogía para la justicia y la paz.

2 – Educar privilegiando el ejemplo
Es verdad que uno enseña con lo que sabe pero educa con lo que vive. Por eso, habrá una verdadera educación para la justicia y la paz si logramos testimoniar en nuestros comportamientos la vivencia cotidiana de estos valores. En lo personal, en las instituciones y en su proyección hacia la sociedad debemos encarnar los valores sociales que pretendemos compartir con los jóvenes. Una mirada hacia el interior de nuestras organizaciones de la sociedad civil y hacia nuestras propias conductas, hecha con objetividad y honestidad intelectual, nos permitirá identificar nuestros desvíos, y nos abrirá a la posibilidad de imaginar caminos que nos permitan superar los problemas en la construcción de un Bicentenario en justicia y solidaridad.

3 – Compromiso de todos con una ética pública
Como propusimos en la declaración “De habitantes a ciudadanos” nuestro compromiso no puede ser sólo un planteo teórico, un discurso o una buena intención. Es hora de asumir deberes y no sólo reclamar derechos. Es cierto que los gobernantes y la dirigencia en general deben ser los primeros responsables en generar oportunidades para hacer posible una participación ciudadana real, honesta y positiva, haciendo efectivos, desde la ética pública, los comportamientos sociales necesarios, pero es desde el propio lugar de trabajo, de estudio o desde la familia que contribuiremos de una forma plena a la verdadera construcción de ese comportamiento ético que reclamamos.

4 – Construir ciudadanía desde la amistad social
Sentimos que es urgente reformular un nuevo modo de relacionarnos. A través del diálogo y en un clima de encuentro y confianza es posible desarrollar la amistad social como fundamento de todas nuestras relaciones. Hemos de partir de la valoración de nuestra propia identidad cultural, sin desfigurar nuestras auténticas tradiciones e instituciones y con una firme decisión personal de lograr una comunidad nacional donde se privilegie integralmente la dignidad de cada persona y el bien común. Nos proponemos buscar juntos la mejor alternativa multiplicando los espacios de encuentro, buscando consensos y participando activamente como ciudadanos.

5 – Consensuar las prioridades como sociedadLa defensa de los derechos humanos y sociales, la aceptación del desafío de la inclusión, la erradicación de la pobreza, la promoción del desarrollo integral, el cuidado de la vida desde la concepción, la promoción de las familias, las mejoras en educación, el acceso a una vivienda, el trabajo formal, la solución integral al problema de la inseguridad, el mayor aporte de la Sociedad Civil y la consolidación del Estado y sus instituciones, junto a la concreción de un proyecto de crecimiento económico y el afianzamiento de nuestro federalismo, se encuentran entre las prioridades de políticas públicas al servicio del bien común.

Deseamos vivamente que con la ayuda de Dios y la experiencia de lo sucedido en estos treinta años, construyamos juntos, en nuestra Patria, un porvenir mejor para todos.

Ing. Eduardo Serantes
Presidente
Comisión Nacional de Justicia y Paz

Abril 2012