| Carta pastoral de Monseñor Jorge Casaretto, asesor de la CNJP - Agregado: 04/03/2009 EN EL CAMINO: aPRENDER DE jESÚS,
cELEBRAR CON jESÚS, aNUNCIAR A jESÚS
Carta pastoral de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, para la Cuaresma 2009 y el tiempo pascual
Queridos amigos:
Tal como empezamos a hacer en la anterior carta pastoral, vamos a meditar y a rezar en los próximos meses, con el texto de los discípulos de Emaús. Como ustedes recordarán, en el pasado Adviento, dimos comienzo a la preparación para nuestra Asamblea Diocesana, que tendrá lugar el 13 de Junio de 2009, en la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor. A todo este período que va desde el Adviento de 2008, hasta nuestro encuentro en Junio de 2009, lo llamamos “tiempo de asamblea”.
Lo más importante es preparar nuestro corazón para esta fiesta diocesana.
Dicha preparación la haremos dejándonos conducir por el texto de los discípulos de Emaús, que seguiremos meditando por partes, según los aspectos que el evangelio nos va presentando.
Vamos a dividir este tiempo que resta hasta la Asamblea Diocesana, en tres
momentos: Cuaresma, Semana Santa y los Cincuenta días que van desde Pascua a la fiesta de Pentecostés.
En cada uno de esos momentos, tomaremos para nuestra reflexión y oración, un fragmento del texto, junto a una actitud que queremos llevar a la vida, inspirándonos en algunos personajes bíblicos que encarnan esa actitud. Vamos a ver si lo logramos.
Cuaresma: Aprender de Jesús
“Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo queanunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?». Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él” (…) Y se decían: «¿No ardía acaso
nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».” (Lc 24, 25-27.32)
Después de escuchar largamente a los discípulos en el camino a Emaús, Jesús
les aclara lo que ellos no habían logrado entender. Les explica con paciencia “les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él” ¡y empezó desde Moisés! La enseñanza de Jesús resultó eficaz y los colmó de tal manera que recordando esa conversación decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. ¡Qué maravillosa manera de enseñar! Ojalá nosotros pudiéramos trasmitir conocimientos de este modo a nuestros hermanos, alimentando no sólo la inteligencia, sino sobre todo, el corazón.
Aprender en la Sagrada Escritura
En la Biblia, la fe está fundada en una revelación de Dios, de la que son portadores los creyentes. Esta revelación está destinada a que la conozcan todas las personas. De ahí la importancia en el pueblo de Dios, de la enseñanza, que transmite en forma de instrucción lo que Dios nos va comunicando sobre Él,sobre la vida y sobre la historia.
¿Qué tiene que aprender el pueblo? Muchas cosas, pero el núcleo del mensaje es que Dios quiere hacer Alianza con Él. Esto significa un compromiso incondicional de Dios con los suyos y un ofrecimiento para que el pueblo confíe y se deje conducir por Dios. Este es el camino de la felicidad y de la realización personal y colectiva.
YAHVEH, se manifiesta así en el AT como el único Maestro verdadero, del que reciben toda su autoridad Moisés y de los profetas, a través de ellos enseña a los hombres dándoles a conocer sus caminos y su ley (Sal 25,9; 94, 10ss).
Pero para poder aprender, se requiere docilidad de corazón. Esto le faltó muchas veces al pueblo, que le volvió con frecuencia la espalda a Dios y no aceptó sus lecciones cuando los instruía con constancia (Cf. Jer 32,33).
Durante la vida pública de Jesús, la enseñanza es un aspecto esencial de su
actividad: enseña en las sinagogas, en el templo, con ocasión de las fiestas, y hasta diariamente. Le dan el título de Rabbi, es decir, “Maestro”, y Él lo acepta.
Aceptar la enseñanza de Jesús es, pues, ser dócil a Dios mismo. Jesús inaugura la nueva Alianza y la realiza con su vida. Lo que quiso enseñarnos y nos invita a aprender, está expresado fundamentalmente en el mandamiento nuevo: “Ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn 15, 12).
Los que aprenden en la Biblia
Los personajes bíblicos que “aprenden” son entonces los que aceptan y viven en la Alianza con Dios. Son muchos, nombremos algunos: Abraham, probado en su fe, creyendo y esperando contra toda esperanza (Cf. Hebreos 11, 8-12).
Moisés con la Ley, cambiando sus planes, conduciendo al Pueblo a través del desierto (Cf. Ex 3,1-12). Jeremías que descubre a un Dios que hace alianza en el corazón (Cf. Jer 31,31).
Jesús tiene discípulos y ellos aprenden lentamente y con muchas confusiones y dificultades quién es Jesús y cuál es su destino. Recordemos que preguntan quién es el mayor (Cf. Lc 9,46).
Evidentemente, pasa mucho tiempo hasta que ellos comprenden quién es
Jesús y cuál es su mensaje. Jesús les tiene paciencia, los espera en su proceso de comprensión. Lo mismo hace con nosotros.
Aprender con y de Jesús hoy
Esto que nos narra la Biblia, sigue sucediendo con nosotros hoy. Jesús nos
sigue enseñando a vivir en el amor y a nosotros nos sigue costando aprender y comprender. Dios nos sigue invitando a hacer Alianza con Él. Nos enseña y capacita para vivir de un modo nuevo, como Jesús, desde el amor y el servicio.
Muchas veces, hoy, nos preguntamos ¿Cómo llevar a la práctica el mensaje de Jesús en un mundo sin paz, en un país en el que muchos buscan su propio interés y no el bien común?
Muchos, además estamos viviendo situaciones complicadas: falta de trabajo, el dinero que no alcanza, problemas en la familia, problemas de salud, la inseguridad…
Precisamente porque estamos viviendo todas estas cosas, necesitamos
el mensaje de Jesús, que nos dice que es posible ser feliz en medio de todas estas dificultades, si el centro de nuestra vida es el amor a Dios y a los hermanos.
Si de verdad confiamos en Dios, y nos amamos unos a otros con un amor servicial y concreto, muchos de estas situaciones mejoran sustancialmente (lo que tiene que ver con las relaciones familiares, por ejemplo) y los problemas que permanecen, los vivimos de otro modo, porque podemos poner el centro de nuestra vida en otro lugar. Esto es vivir la Alianza con Dios hoy.
Descubrimos también que, en nuestro camino a la Asamblea tenemos mucho que aprender como Iglesia Diocesana. Abramos el corazón en este tiempo para ser dóciles al mensaje de Jesús.
Semana Santa: Celebrar con Jesús
“Cuando llegaron cerca del pueblo a donde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición;luego lo partió y se lo dio…Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.” (Lc 24, 28-31)
La experiencia del camino recorrido con Jesús Resucitado suscita en los discípulos de Emaús el deseo de compartir aún más su vida con el Señor: lo invitan a comer. Jesús acepta esta invitación, y los hace participar de esta Vida Nueva dándoles a comer su Cuerpo. Ellos, al celebrar con Jesús comprenden quién es Él y el significado de su muerte y resurrección.
Celebrar en la Sagrada Escritura
Celebrar es algo propio del ser humano. Significa festejar y alegrarse por algo. Generalmente, en las celebraciones hay algo que se recuerda (por ejemplo, el nacimiento de una persona en su cumpleaños) y con la fiesta se revive, se hace presente ese acontecimiento del pasado.
En todas las religiones el culto y la celebración están presentes y ayudan a establecer relaciones entre el hombre y Dios. Según la Biblia, la iniciativa de estas relaciones corresponde al Dios vivo que se revela. Como respuesta, el hombre adora a Dios en una celebración comunitaria: juntos adoramos al Dios de todos.
Israel pasa por muchas etapas en su modo de celebrar y ofrecer culto a Dios, poco a poco va comprendiendo que el culto verdadero, es la fidelidad a la Alianza (Cf. Dt 6,4ss.). Es decir, que la fe y la vida se unen y la celebración expresa esa unidad.
Los que celebran con Jesús su Pascua
En el Evangelio, vemos a Jesús celebrando su última pascua y realizándola a través de su propia muerte y resurrección. El Señor no quiere pasar estos días sólo y hay personas que con mayor o menor conciencia de lo que sucede, están presentes en los días que rodean a esta última pascua: La mujer que unge a Jesús en Betania, los discípulos que preparan la Pascua para Jesús, Simón de Cirene al que le obligan a llevar la cruz, María Magdalena y muchas otras mujeres que seguían a Jesús y lo habían servido, contemplan la pasión, el centurión que hace una profesión de fe cuando ve cómo muere el Señor, José de Arimatea que tuvo la audacia de pedir el cuerpo de Jesús.
El Señor transita su pascua con toda decisión y el corazón abierto, dejándose acompañar por todas estas personas, que aparecen a nuestros ojos tal vez, con grandes limitaciones.
Celebrar a y con Jesús hoy
Jesús nos enseña a realizar una celebración cargada de sentido. Participar de la liturgia de Semana Santa, no es hacer un ejercicio de memoria para recordar y compadecerse de lo que le sucedió a Jesús hace 2000 años. Participar en las celebraciones de estos días, significa manifestar nuestra decisión de seguir a Jesús hasta el final y con todas sus consecuencias. Es vivir con Él todo lo que en nuestra vida es “pasión y muerte” para resucitar con Jesús, con la confianza puesta en que si “morimos con Él, viviremos con Él” (Cf. Rom 6,8). Celebramos la transformación de todo lo que en nuestra existencia es dolor y muerte, en vida, por el poder de laresurrección del Señor.
Entrar con el corazón en el Misterio Pascual de Jesús nos capacita para acompañar la pasión del Señor en tantos hermanos que sufren: allí espera Jesús que lo descubramos y consolemos concretamente.
Como Iglesia Diocesana vamos a vivir los días centrales de nuestra fe celebrando el Misterio Pascual del Señor con toda la riqueza de sus signos.
Tiempo Pascual: Anunciar a Jesús
“En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.” (Lc 24, 33-35)
El encuentro con Jesús Resucitado transforma a los discípulos de Emaús:
¡necesitan ir a contar lo que vivieron! Recorren de nuevo el camino hacia Jerusalén con un objetivo: anunciar y transmitir a otros la experiencia vivida con el Peregrino que se puso a su lado.
Tomando como modelo a los discípulos de Emaús, la Iglesia Diocesana está llamada a anunciar a Cristo Resucitado en esta última etapa hacia la Asamblea Diocesana 2009.
El anuncio de la resurrección
Durante su vida pública confía Jesús a sus discípulos misiones transitorias en las que ellos empiezan a anunciar la Buena Noticia del Reino. Pero sólo después de la resurrección reciben de Él una orden precisa que los instituye a la vez en “predicadores, apóstoles y doctores” (2Tim 1,11). “Vayan, hagan discípulos de todas las naciones... enseñándoles a observar todo lo que yo les he enseñado” (Mt 28,19). Para la realización de esta tarea inmensa, les prometió entre tanto que les sería enviado el Espíritu Santo y que él les enseñaría todas las cosas. De ahí en más transmitirán, por tanto, a los hombres una enseñanza que no vendrá de ellos, sino de Dios.
Por esta razón podrán hablar con autoridad: el Señor mismo estará con ellos (con nosotros) hasta el fin del tiempo (Cf. Mt 28,20).
Los que anuncian a Jesús resucitado
Los apóstoles llevan adelante la misión de anunciar a Jesús resucitado y enseñar lo que tiene que ver con el Reino, no en su propio nombre, sino “en nombre de
Jesús”, cuyos actos y palabras refieren cubriéndose siempre con su autoridad. Como Jesús, enseñan en el templo, en la sinagoga, en las casas particulares. El objeto de esta enseñanza es ante todo la proclamación del mensaje de salvación. Jesús, Mesías e Hijo de Dios, colma la espera de Israel; su muerte y su resurrección son el cumplimiento de las Escrituras; hay que convertirse y creer en él para recibir el Espíritu prometido. Esta catequesis básica que quiere conducir a los hombres a la fe; después del bautismo se completa con una enseñanza más profundizada, de la que participan con entusiasmo los primeros cristianos. Entre los oyentes
de fuera, algunos se extrañan de su novedad; las autoridades se preocupan sobre todo por su éxito y tratan de prohibirla a hombres que no han recibido una formación normal de escribas. Esto es en vano porque el evangelio, después de extenderse por Judea, es llevado a multitudes considerables en todo el mundo hasta el presente.
Anunciar hoy la resurrección de Jesús
Los cincuenta días que van desde la Pascua, hasta Pentecostés constituyen un tiempo en que se nos envía a comunicar lo que “hemos visto y oído” durante la Semana Santa.
¿Cómo se hace esto concretamente? Teniendo una actitud de apertura y diálogo hacia todos. En primer lugar, escuchando (y con esto volvemos al inicio de nuestro camino a la Asamblea, con la propuesta de “escuchar” que recibimos en Adviento), todo lo que tiene para decir y comunicar cada uno de nuestros hermanos.
Esto va desde la propia familia, hasta los diversos grupos étnicos de nuestro
país, pasando por los vecinos y compañeros de trabajo ¿Cómo siente y piensa esta persona que vive a mi lado, o en mi país? Eso nos irá capacitando para comprender las realidades que nos son más lejanas en el espacio o en las inquietudes.
En segundo lugar, vendrá la actitud de abrirse para anunciar el Evangelio de Jesús, como la fuerza capaz de transformar la existencia personal y la historia de los hombres. Hagamos el ejercicio. La experiencia muestra que cuando nos abrimos a comunicar algo auténtico, las personas de buena voluntad escuchan y reciben el mensaje con respeto y aprecio hacia lo que intuyen verdadero. Nuestra coherencia de vida, es lo que dice que es verdad lo que manifestamos con las palabras.
Queridos amigos, voy concluyendo. Estas reflexiones quisieron iluminar el texto de Emaús y acompañarnos en nuestro camino hacia la Asamblea Diocesana.
Que podamos recorrer juntos este tiempo para aprender, celebrar y anunciar a Jesús como Iglesia peregrina en San Isidro.
¡Muy feliz Pascua de Resurrección!
Una fraterna bendición, nos vemos el 13 de Junio,
Con mi afecto y Bendición, Jorge Casaretto, obispo de San Isidro
GUÍA DE TRABAJO
Aquí dejamos una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad.
Aquí van las preguntas:
•Aprender de Jesús: volvamos a leer el texto de Emaús. Me imagino a Jesús caminando junto a los discípulos, escuchando y explicando la Sagrada Escritura.
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Cuando tengo que explicarle algo a alguien ¿Cómo lo hago? ¿Sé escuchar? ¿Soy paciente? ¿Atropello a los demás con mi explicación? ¿Qué es lo que más me impresiona del modo de enseñar de Jesús?
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¿Qué es lo que Jesús me quiere enseñar hoy? ¿Qué necesito aprender? Elijo una virtud (por ejemplo: paciencia, humildad, perseverancia, etc.) que necesite aprender y la ejercito durante esta cuaresma.
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¿Qué es lo que necesitamos aprender como Iglesia Diocesana?
• Celebrar con Jesús: Me imagino a los discípulos de Emaús pidiéndole a Jesús que se quede con ellos y a Jesús partiendo el pan.
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¿Sé “celebrar” los distintos momentos de mi vida y agradecer lo que soy y tengo?
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¿Qué es celebrar la Semana Santa con sentido? ¿A qué nos compromete como Iglesia Diocesana participar en la liturgia de estos días?
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¿Quiénes son los/as hermanos/as que tengo cerca, en los que Jesús sigue padeciendo? Acompaño al Señor, haciendo un gesto de amor concreto hacia alguno/a de ellos/as.
• Anunciar a Jesús: Me imagino el momento en que los discípulos de Emaús se dan cuenta que estuvieron con Jesús resucitado, y sienten la necesidad de anunciarlo a sus hermanos.
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¿Creo que la resurrección del Señor transforma mi vida? ¿de qué modo?
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¿Sé lo que sienten y piensan las personas que viven en mi casa? ¿Estoy dispuesto/a a dialogar con los que piensan de un modo distinto al mío?
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Cómo Iglesia Diocesana ¿A quiénes somos enviados a anunciar la resurrección de Jesús?
En un momento de oración, le pedimos a Jesús resucitado que renueve nuestras vidas y nuestros corazones |
| Misa en Luján por la Justicia y la Paz - Homilía de Mons. Casaretto - Agregado: 23/12/2008 MISA POR LA JUSTICIA Y LA PAZ
Homilía de monseñor Jorge Casaretto en la Misa por la Justicia y la Paz (Basílica de Luján, 22 de diciembre de 2008)
“Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9)
Los argentinos nos hemos congregado en Luján para dar gracias a Dios porque esa bienaventuranza hace 30 años se hizo realidad entre nosotros y nuestros hermanos chilenos. Nosotros en Luján y ellos en el Santuario de Maipú nos reunimos hoy en esta oración de gratitud.
Estamos en la casa de Dios y de nuestra Madre. Aquí, millones de personas pasan todos los años buscando la paz y la fortaleza necesarias para afrontar las vicisitudes de la vida cotidiana. Como nos dice el Apóstol Pablo, los que venimos a esta casa buscamos que “la paz de Dios tome bajo su cuidado nuestros corazones y nuestros pensamientos” Esta es una casa de paz y de amor.
El peso y las responsabilidades que cargamos sobre nuestras vidas encuentran en el amor de Dios y en la maternidad de la Virgen la paz interior que tanto ansiamos. Aquí superando lo que nos diferencia, por sobre cualquier otra consideración vivimos más plenamente nuestra condición de hijos de Dios y por lo tanto de verdaderos hermanos en el Señor.
Por eso, en la casa de Dios, dejamos de lado lo que nos distancia y enfrenta y tratamos de encontrarnos, como pueblo argentino, en lo que nos acerca y hermana.
Hoy nos une la gratitud. Hace 30 años pudimos haber elegido la guerra y optamos por la paz.. Pudimos haber elegido la muerte y optamos por la vida.
Recuerdo una anécdota histórica de ese tiempo. Una madre estaba con sus hijos en la estación de trenes en Santa Fe. En eso llegan los soldados para embarcarse en los vagones, pertrechados con sus armas y sus mochilas. Los chicos se agolpan con cierto entusiasmo ante el desfile de tropas.
En esos momentos aparecen también unos camiones llenos de féretros y los empiezan a depositar en los vagones de carga. Y entonces la madre le dice a los chicos: “¿Ven? Eso es la guerra: muchos de esos muchachos que van vivos, seguramente van a volver dentro de esos féretros.
La violencia, cualquiera sea su origen, y mucho más la de la guerra han sido y serán siempre sinónimo de muerte. Por eso, treinta años después nos alegramos porque caminábamos hacia un abismo de muerte y a tiempo supimos tender puentes de vida. Íbamos a generar un futuro de odios y rencores entre argentinos y chilenos y pudimos reorientar nuestras relaciones hacia un destino solidario y fraterno.
Nuestra gratitud a Dios reconoce el esforzado trabajo por la paz de muchas personas. Una mediación no cae del cielo de modo mágico. Ante todo fue preparada por la oración persistente de los pueblos que nunca alentaron la aventura de la guerra.
En nuestro país los precursores de esta mediación fueron el recordado y querido Cardenal Primatesta y el entonces Nuncio Apostólico y actual Cardenal Pío Laghi, por quien guardo entrañable afecto.
Ellos entrevieron el clima belicista que se acrecentaba en algunos grupos y, ya el mismo día de la asunción del Papa Juan Pablo I , el Cardenal Primatesta comenzó a alertarlo sobre la necesidad de estar atento a una posible intervención a favor de la paz.
La tarea en este sentido fue persistente y trabajosa pero gracias a Dios desembocó en la oportuna intervención de Juan Pablo II el mismo día en que iba a comenzar la guerra, exactamente hoy treinta años atrás.
Sin duda, el joven Papa Wojtyla, hombre de Dios que había vivido en carne propia la experiencia de la guerra, se dejó guiar por el Espíritu y de modo valiente, a solo tres meses de haber asumido su Pontificado envió su representante a estas tierras.
Cuando el Cardenal Samoré, designado por el Papa para intervenir en el conflicto, volaba hacia aquí le decía a su colaborador, Mons. Faustino Sainz: “Vamos a necesitar un océano de paciencia.”
Y gracias a Dios la tuvo. Él fue el que, en medio de las tinieblas belicistas del momento entrevió la famosa “lucecita” que terminó por convertirse en la gran luz que sigue iluminando la fraterna relación de estos pueblos y que hizo posible que nuestra frontera común de miles de kilómetros nos una en lugar de dividirnos.
Se necesitó mucha paciencia para vencer la violencia, mucho diálogo para derrotar la obstinación, mucha vocación de acordar y concordar para superar el error de enfrentar y dividir.
Fue necesario no perder el ánimo y las convicciones de paz, encontrar matices para ablandar las posiciones rígidas. Perseverar en diálogos difíciles, a veces con silencios larguísimos y confiar en el poder de Dios que es mucho más poderoso que los poderes de los hombres.
El repaso de la historia tiene sentido en sí mismo. Pero a la vez sigue siendo realidad el viejo adagio que nos recuerda que es “maestra de la vida”.
Hoy argentinos y chilenos caminamos hacia la celebración del Bicentenario. La paz entre ambos pueblos goza de buena salud. Nuestra relaciones mutuas son fluidas y armónicas. Sin embargo ambos enfrentamos hoy el desafío interno de construir una paz social más sólida sobre las bases de una mayor justicia y solidaridad. Creo que el deseo ardiente de todos los que hoy estamos en este templo es que en el tiempo del bicentenario entre 2010 y 2016 podamos lograr un país con plena inclusión social.
Por eso hoy, en este camino recordamos que aquella lucecita que entrevió el Cardenal Samoré se pudo convertir en una gran luz gracias al trabajoso camino del diálogo y la búsqueda de acuerdos y consensos. Esa luz tiene mucha capacidad de iluminar nuestro actual camino.
Los argentinos necesitamos encontrarnos más entre nosotros. Apoyarnos más en los valores fundamentales de nuestra cultura y privilegiar el bien común por sobre los intereses personales y grupales. Dialogar más y tratar de lograr acuerdos sociales más sólidos.
“Felices los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9)
Que así como esta beatitud cubrió la vida de argentinos y chilenos hace 30 años, nosotros podamos también hoy, hacernos partícipes de esta bienaventuranza.
María de Luján en Argentina y Nuestra Señora del Carmen en Maipú seguirán velando por la paz de los dos pueblos.
Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro |
| Carta pastoral sobre las adicciones de Mons. Jorge Casaretto - Agregado: 30/09/2008 UN MAL QUE NOS ESTá MATANDO: LA ADICCIÓN A LA DROGA Y AL JUEGO
Carta pastoral sobre las adicciones de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro (29 de septiembre de 2008)
Queridos Amigos:
En esta oportunidad quiero invitarlos a reflexionar sobre un problema que nos tiene sumamente preocupados: el tema de las adicciones, en particular la adicción a las drogas y al juego.
Ya en noviembre de 2007 los obispos argentinos manifestamos esta preocupación en una carta dirigida a la sociedad titulada "La droga sinónimo de muerte".
Síntomas de una situación crítica
Las estadísticas nos hablan de un consumo cada vez más precoz y masivo de drogas y alcohol, y los distintos informes nos dicen que nuestro país hace tiempo que dejó de ser un país de tránsito, para transformarse en un lugar de alto consumo de sustancias tóxicas, en particular de cocaína, marihuana y "paco".
Las noticias nos muestran casi a diario la magnitud del problema. Bandas enfrentadas, zonas tomadas por los narcotraficantes, cargamentos de sustancias cada vez más importantes, empleo de jóvenes y niños en la distribución, adolescentes y adultos que mueren por sobredosis. Los mercaderes de la muerte hacen su negocio con la vida de nuestros niños y jóvenes.
Pero los signos de alarma no solo suenan cuando miramos los diarios. Con alguna frecuencia me llegan noticias que agentes de la distribución de drogas en los barrios pobres regalan muletas, sillas de ruedas o remedios para ganar voluntades y asimismo le pagan a la gente por esconder la droga en sus casas o avisar sobre movimientos de la policía o de la justicia.
Imaginen ustedes qué tentación tan grande, en una situación de pobreza extrema que a uno le paguen altas cifras por no hacer nada, solo cuidar y avisar.
Otro hecho elocuente: En una misión se le preguntaba a la gente por sus mayores preocupaciones, al tope de la lista estaba "que mi hijo/a no caiga en la droga". Un grupo de padres de un colegio comentaba la facilidad con la que acceden hoy los chicos a la droga, incluso ofrecida en las cercanías de las escuelas, en los boliches, etc.
Creo poder decir que en el conurbano de las grandes ciudades (bonaerense en nuestro caso), la exclusión social alimentada por la cultura de la dádiva, el alcoholismo, el juego y el reparto "de bienes y favores" que hace el narcotráfico, se está convirtiendo en la mayor hipoteca social del país, que al tomar dimensión estructural, es de muy difícil erradicación.
Junto a la droga, nos preocupa la proliferación de las casas de juego, que han favorecido en la sociedad la adicción al mismo, con consecuencias fatales para muchas familias.
Se confunde a la sociedad aumentando la difusión y proliferación del exceso y, por lo tanto, la facilitación del vicio.
El poder económico de los grandes empresarios del juego y sus alianzas con los poderes políticos son enormes. La compra de voluntades y de apoyos no reconoce límites. Los bingos, difundidos en principio como inocentes salones de encuentro familiar, unidos al fabuloso negocio de los tragamonedas, al alcance de todos los estratos sociales, se han ido convirtiendo en importantes centros de juego y, como tales, en destructores de vidas y ruina de una enorme cantidad de familias.
Gracias a Dios, aún algunos municipios de nuestra diócesis han resistido la instalación de estas salas de juego.
Qué es lo que nos lleva desarrollar conductas adictivas
La palabra "adicto" nos está dando la pista: a-dicto es el que no dice, el que no se comunica. De hecho, los adictos nos refieren su experiencia de profunda soledad, su vacío. Han llegado allí por huir, por evadirse, para acallar una pena. A veces es el hambre abrumador, el abandono, la carencia de referentes. Otras veces son las mismas problemáticas vitales normales, pero a las que no se les encuentra una salida ni a quién pedir ayuda.
Así, entre las cosas que nos pueden generar nuestros vacíos o acrecentarlos, está la falta de comunicación que vivimos en estos tiempos, (paradójicamente) hipercomunicados.
Nos falta comunicación en las familias, en las escuelas, en las comunidades. El apuro, las exigencias, el vértigo cotidiano nos llevan a dejar de escuchar, de escucharnos a nosotros mismos y de escuchar a los demás.
Evidentemente, no me refiero a la mera trasmisión de datos, sino a la comunicación cordial y profunda, que nos impulsa a compartir con otras personas pensamientos, sentimientos.
Como pre-requisito, tiene que haber comunicación con nosotros mismos, lo cual implica una escucha a nuestros pensamientos, sentimientos, incluso a nuestro cuerpo, ya que muchas veces las enfermedades nos están marcando algo que tenemos que hacer o dejar de hacer.
Y al principio y al final del proceso, obviamente, está nuestra relación con Dios. Nosotros como creyentes sabemos cuán importante es esta dimensión para nuestra salud y felicidad y cómo cambia la vida contar con una relación cordial y fluida con el Señor.
Si tenemos padres y madres que escuchen, docentes que escuchen, animadores de comunidades que escuchen, dirigentes políticos, sociales y religiosos que escuchen, nuestros jóvenes podrán comunicarse, podrán decir lo que piensan y sienten y podremos ayudarlos. Habrá muchos menos a-dictos.
La dinámica del mal
En nuestra época, hablar del mal no tiene buena prensa. Quisimos erradicar el miedo de nuestra espiritualidad, lo cual es muy saludable, pero para ello en nuestra pastoral casi hemos anulado todos los argumentos acerca del mal. Nos olvidamos que este es un tema presente en la predicación de Jesús.
No voy a entrar aquí en una discusión filosófica sobre el mal en el mundo, sencillamente recuerdo la parábola de la cizaña en el trigo y la explicación que da Jesús de la misma:
"Y les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?»
El les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo». Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?».
«No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y atenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero».
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!" Mt 13, 24-30. 36-43
Podríamos hacer muchas reflexiones, pero aquí me parece importante señalar que existe el mal, que existe quien lo siembra y que tiene una estrategia para hacerlo. Debemos estar alertas sobre los peligros exteriores; pero el mal no sucede solamente afuera nuestro, sucede en nuestro propio corazón; y allí es donde principalmente debe haber una actitud vigilante, a la que también nos exhorta Jesús (ver Mt 25).
Todos somos pecadores, y si recordamos algún pecado más o menos importante que hayamos cometido, y rastreamos cuál fue su origen, descubrimos una tentación y a nosotros mismos cayendo en ella. Al principio, posiblemente, fue algo pequeño. Por ejemplo, algún gran rencor que guardamos en el corazón, y que hoy lastima a los demás y a nosotros mismos, comenzó con algo que otro nos hizo, pero que con el tiempo se transformó en odio. ¿Cómo sucedió eso? Pudo empezar a gestarse a partir de una ofensa, un prejuicio, una crítica destructiva o simplemente un pensamiento agresivo o un sentimiento que podría haber quedado allí, pero nos ocupamos de cultivarlo. Se transformó entonces en algo que hoy nos maneja y no podemos controlar. Podríamos poner ejemplos de cualquier otro de los pecados que llamamos "capitales": codicia, ira, soberbia, lujuria, gula, pereza, envidia, con sus muchos derivados.
Por eso es tan importante "vigilar" sobre lo que sentimos o pensamos. Una fantasía o un sentimiento no son ni buenos ni malos, pero pueden transformarse en tales, en la medida en que nosotros los alimentamos en un sentido o en otro. Manejamos estos pensamientos cuando las tentaciones son solo eso, pero después, transformadas en acciones malas, cuanto más grandes, menos poder tenemos finalmente sobre ellas.
¿Qué tiene que ver esto con las adicciones? Los especialistas en el tema afirman que quien empieza a consumir drogas, alcohol, juego, etc. hasta transformarse en un adicto, más allá de un contacto casual, siguió adelante porque hubo un vacío que se quiso llenar con aquello que se consume. Juan Pablo II habló del "vacío existencial" que se quiere satisfacer con la adicción. Los adictos por su parte, hablan de la compulsión a consumir como algo que ya no pueden manejar.
Todos tenemos nuestros vacíos, por las limitaciones intrínsecas que tiene la vida y por nuestras propias heridas: ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los vemos? ¿O los negamos y entonces a la larga nos manejan? Si los vemos, ¿Con qué los estamos llenando? ¿Con comida, alcohol, tele, drogas, juego, sexo, personas o relaciones "tóxicas", trabajo…?
Algunas de estas cosas son malas aún en dosis pequeñas, pero otras son excelentes en su medida, solo que ellas solas no alcanzan para responder al sentido de nuestra vida.
Hace poco llegó a mis manos una novela, llamada "La última moneda", en ella se narra la historia de una mujer adicta al juego y su lucha por recuperarse, el libro muestra bien cómo la protagonista comienza yendo al tragamonedas como un entretenimiento y termina desarrollando una irrefrenable compulsión por jugar. Pensó que podía controlar la situación, hasta que dolorosamente y después de perder muchas cosas importantes, se dio cuenta que el juego la manejaba a ella. Una dinámica oscura, difícil de percibir mientras se desarrolla.
Sobre nuestros vacíos, heridas y tentaciones tenemos que mantener una actitud vigilante, porque nuestra desprevención nos puede hacer caer en una vorágine de la que después no podremos salir aunque queramos.
Empezando a buscar salidas
Estas cosas sería bueno conversarlas en las comunidades, dedicarnos un poco a preguntarnos, a reflexionar, a dialogar sobre las causas del fenómeno de las adicciones.
Evidentemente, con el miedo no hacemos nada, todo lo contrario, nos arrinconamos más y crece la sensación de impotencia que nos inmoviliza, lo cual es una maniobra del mal, para que el bien no crezca. Vencer el mal, a fuerza de bien, como dice Pablo (Ver Rom.12, 21), será la estrategia principal, pero ¿Cómo?
Lo primero será conocer la realidad, para dimensionar a qué nos estamos enfrentando y con quién tenemos que luchar. Esta carta también puede contribuir a que miremos algo que nos cuesta ver.
Lo segundo, es trabajar con las consecuencias, ayudar a quienes ya son adictos, apoyando a las ONG o instituciones que trabajan en este sentido, alertarnos unos a otros sobre la venta de drogas, hablar con los jóvenes sobre el tema, trabajar para evitar la tolerancia social creciente sobre el consumo de drogas, etc.
Lo tercero es actuar sobre las causas que conducen a desarrollar conductas adictivas de cualquier tipo, que es un trabajo de educación y prevención más profundo que hablar sobre la maldad del juego, del alcohol y de las drogas (lo cual también hay que hacerlo), sino preguntarse ¿por qué las personas se autodestruyen por estos medios? ¿Qué es lo que nos lleva a desarrollar una adicción?
Por último, y aunque parezca lo más difícil, hay que tratar de influir sobre nuestros representantes (concejales, legisladores, etc.), para concertar en el orden municipal, provincial y nacional, políticas públicas con las que se pueda enfrentar estos flagelos, legalmente y con eficacia.
Obviamente, son los especialistas los que tienen respuestas acabadas sobre el tema, yo tan solo quiero llamar la atención sobre cuestiones que nos pueden ayudar a pensar, con la intención que se desencadene el debate y la reflexión en las familias y comunidades.
En definitiva, el camino cristiano es también un camino de sanación que nos devuelve nuestra plena libertad de hijos de Dios.
Quiero terminar la carta con un testimonio, el testimonio de Juan, un hombre valiente que se animó a pelear con sus sombras.
Soy Juan, tengo 37 años, estoy casado y tengo 5 hijos. Tuve una infancia muy difícil: mi mamá nos abandonó a mis hermanos y a mí cuando éramos muy chicos y mi padre era alcohólico. Por estos motivos, me crié en la calle, donde conocí a los 12 años, el infierno de las drogas. La droga parecía llegar en el momento justo, como para tapar todo el odio, la bronca y la tristeza que yo sentía.
El consumo de drogas me llevó a conocer muchos hospitales, institutos de menores, y cárceles, porque tenía que salir a delinquir para poder drogarme. Pasé muchos años detenido, y tengo varios impactos de bala en mi cuerpo, uno de los cuales me dejó 12 días en estado de coma.
Mi vida nunca tuvo un sentido, ni me parecía que hubiera una razón para vivir. Vi como el alcohol y las drogas destruían a mi familia: primero, muere mi padre a causa del alcohol, luego mi hermana deHIV y mi hermano cae preso.
En el año 96 conocí a la que hoy es mi esposa, (llamémosla María) que también se drogaba y tenía dos chicos. Pronto nos fuimos a vivir juntos, tuvimos un hijo, que por nuestra condición de adictos, tenía pocas posibilidades de vivir, pero que gracias a Dios hoy está bien. Cuando ese bebé tenía un año y medio, un juez tomó la decisión de sacarnos los tres nenes y llevarlos a un instituto. Ese hecho nos hizo tocar fondo a María y a mí y decidimos comenzar un tratamiento de rehabilitación, en ese momento, Dios empezó a actuar en mi vida de una manera sorprendente, con el sólo hecho de reconocer que Él era mi Salvador.
Con María estuvimos internados juntos 2 años, nos costó horrores superar el tratamiento pero fue lo mejor que nos pasó en la vida. Hoy hace 9 años que estoy sin consumir, y hace 7 que trabajo como operador socioterapeuta en una comunidad de rehabilitación de adictos.
Hace 5 años que con María nos casamos por iglesia y por civil, recuperamos a nuestros hijos, terminé el secundario y estoy estudiando una carrera universitaria.
Hoy puedo decir que me pude recuperar y también recuperar mis valores como persona, en especial algo que para mí es lo más importante, mi identidad. Quiero decir que todo esto no lo hubiera podido hacer si no me aferraba a Dios, a Jesús y a María que son los principales artífices de la persona que soy hoy, junto con Patricia y el P. Hugo que fueron quienes creyeron que me podía recuperar cuando nadie, ni en mi familia, ni en el barrio, ni yo mismo creía que podía hacerlo.
Ahora puedo asegurar que todo adicto se puede recuperar con la ayuda de Jesús y de María, y de aquellos hermanos que crean que esa persona es capaz de hacerlo.
Gracias, Juan
Pd: pido disculpas a la sociedad por el daño que causé siendo un adicto.
Que el Espíritu Santo nos inspire y nos de la lucidez necesaria para saber qué es lo que tenemos que hacer y la valentía para llevarlo adelante. Una bendición especial para las familias que tienen algún miembro padeciendo una adicción, a ellos mi fraterna cercanía y una palabra de aliento para que pidan ayuda y no bajen los brazos,
Con afecto en el Señor,
Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro
GUÍA DE TRABAJO:
Tal como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria.
¿Qué es una Guía de Trabajo?
Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad.
Aquí van las preguntas:
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¿Cómo repercuten en mi persona y en mi familia el tema de la droga, el alcohol, el juego? ¿Estamos asustados? ¿Nos hemos planteado alguna vez el hecho de que algún miembro de la familia podría desarrollar esta adicción?
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¿Cómo diríamos que es la comunicación en nuestra familia? ¿Buena, regular, mala…? ¿Por qué? ¿Hay cosas de las que no hablamos? Por ejemplo: ¿Sabemos qué le preocupa hoy a cada una de las personas que viven con nosotros?
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¿Sé escuchar? ¿Sé propiciar espacios para compartir experiencias, sentimientos, vivencias con los otros integrantes de mi grupo familiar, particularmente con los chicos y jóvenes de la familia?
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¿Cuáles son los vacíos que mi vida presenta hoy? ¿Con qué/quiénes intento colmar esos vacíos? ¿Puedo reconocer en mí o en algún otro miembro del grupo familiar alguna adicción peligrosa o inofensiva (adicción al alcohol, a la comida, a la tele, a la computadora, al celular, etc.)?
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¿Puedo reconocer en mí algún pecado que lleva tiempo y ha echado raíces en mi corazón? ¿Cuál? ¿Puedo reconocer los factores que lo hicieron crecer? ¿Qué podría hacer para liberarme de este mal?
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¿Estoy haciendo algo por aquellas personas que ya son adictas? ¿Y por erradicar la droga de mi barrio/entorno? Pienso alguna acción concreta que podría llevar adelante.
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¿He pensado unirme a otras personas o grupos para evitar que en nuestros Municipios se instalen casas de juego?
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En presencia de Jesús, le pido que me ilumine con su Espíritu Santo, para que pueda conocer mi verdad personal y familiar y para tener el coraje de cambiar las situaciones que nos están esclavizando.
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| Reflexiones de la DSI - para el día a día - Agregado: 01/11/2007 La misión de la Comisión Nacional de Justicia y Paz desde su origen, incluye la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia.
Presentamos algunos extractos del Compendio propuestos como reflexiones por la Pastoral Social para realizar en los próximos domingos de noviembre. Luego, estaremos agregando las de los domingos Adviento :
DOMINGO TREINTA Y UNO DURANTE EL AÑO (4 de noviembre):
"...Quien reconoce su pobreza ante Dios, en cualquier situación que viva, es objeto de una atención particular por parte de Dios...en esta perspectiva, el "rico" es aquel que pone su confianza en las cosas que posee más que en Dios...
Estas actitudes hacen al hombre capaz de reconocer lo relativo de los bienes económicos y de tratarlos comos dones divinos que hay que administrar y compartir..." Extraído del compendio de la DSI, punto 324.
DOMINGO TREINTA Y DOS DURANTE EL AÑO (11 de noviembre):
"...los cónyuges cristianos, además de ayudarse recíprocamente en el camino de la santificación con en el mundo signo e instrumento de la caridad de Cristo.
Con su misma vida, están llamados a ser testigos y anunciadores del sentido religioso del matrimonio, que la sociedad actual reconoce cada vez con mayor dificultad, especialmente cuando acepta visiones relativistas del mismo fundamento natural de la institución matrimonial" Extraído del compendio de la DSI, punto 220.
DOMINGO TREINTA Y TRES DURANTE EL AÑO (18 de noviembre):
"La sumisión, no pasiva, sino por razones de conciencia, al poder constituido responde al orden establecido por Dios...
La Libertad no puede ser usada para cubrir la propia maldad, sino para servir a Dios. Se trata entonces de una obediencia libre y responsable a una autoridad que hace respetar la justicia, asegurando el bien común." Extraído del compendio de la DSI, punto 380.
DOMINGO TREINTA Y CUATRO DURANTE EL AÑO (25 de noviembre):
"...El reino del Mesías es...el reino de la paz. El don de la paz sella su testamento espiritual. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores (Mt. 6,12). Con esta doble reconciliación el cristiano puede convertirse en artífice de paz y por tanto, partícipe del Reino de Dios según lo que Jesús mismo proclama: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt. 5,9) Extraído del compendio de la DSI, punto 491/492.
"El amor cristiano impulsa a la denuncia, a la propuesta y al compromiso
con proyección cultural y social, a una laboriosidad eficaz, que apremia a cuantos sienten en su corazón una sincera preocupación por la suerte
del hombre a ofrecer su propia contribución"
Extraído de la introducción del Compendio de la DSI.
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| Reflexiones de la Doctrina Social de la Iglesia - ACTUALIZADO - Agregado: 18/10/2007 La misión de la Comisión Nacional de Justicia y Paz desde su origen, incluye la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia.
Presentamos algunos extractos del Compendio propuestos como reflexiones por la Pastoral Social para realizar en los próximos domingos. Luego, estaremos agregando las de los domingos siguientes :
DOMINGO VEINTINUEVE DURANTE EL AÑO (21 de octubre):
"...La realización plena de la persona humana está mediada por las relaciones de las personas con las otras personas...alcanzando su perfección gracias al esfuerzo encaminado a mejorar el mundo, en la justicia y en la paz.
Este actuar, cuando respeta el orden objetivo de la realidad temporal y está iluminado por la verdad y por la caridad, se convierte en intrumento para una realización cada vez más plena e íntegra de la justicia y de la paz y anticipa en el presente el reino prometido"
Extraído del compendio de la DSI, punto 58
DOMINGO TREINTA DURANTE EL AÑO (28 de octubre):
"...Vivir en la verdad tiene un importante significado en las relaciones sociales: la convivencia de los seres humanos dentro de una comunidad será ordenada, fecunda y conforme a su dignidad...cuando se funda en la verdad...cuestión que afecta particularmente al mundo de la comunicación pública y al de la economía que remiten a una exigencia de transparencia y de honestidad en la actuación personal y social"
Extraído del compendio de la DSI, punto 198.
"...La humanidad comprende cada vez con mayor claridad que se halla ligada por un destino único que exige asumir la responsabilidad en común, inspirada por un humanismo integral y solidario..."
(extraído de la introducción del Compendio de la DSI).
Cualquier reflexión que quieran proponer para la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia serán bienvenidas a justiciaypaz@cea.org.ar
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| Reflexiones de la Doctrina Social de la Iglesia - ACTUALIZADO 02/10/07 - Agregado: 19/09/2007 La misión de la Comisión Nacional de Justicia y Paz desde su origen, incluye la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia. Una forma de ser cristianos en el día a día, en nuestros trabajos, familias, con el prójimo, en todo momento.
"Descubriéndose amado por Dios, el hombre comprende la propia dignidad trascendente, aprende a no contentarse consigo mismo y a salir al encuentro del otro en una red de relaciones cada vez más auténticamente humanas." (extraído de la introducción del Compendio de la DSI).
Presentamos algunos extractos del Compendio propuestos como reflexiones por la Pastoral Social para realizar en los próximos domingos.
Luego, estaremos agregando las de los domingos siguientes :
DOMINGO VEINTISIETE DURANTE EL AÑO (7 de octubre):
"...la convivencia humana resulta ordenada, fecunda en el bien y apropiada a la dignidad del hombre, cuando se funda en la verdad, cuando se realiza según la justicia...en el efectivo respeto de los derechos y en el leal cumplimiento de los respectivos deberes...a asumir la responsabilidad de sus propias acciones..."
Extraído del compendio de la DSI, punto 205
DOMINGO VEINTIOCHO DURANTE EL AÑO (14 de octubre):
"...Dios con nosotros, que se hace cargo de las enfermedades de su pueblo, camina con él, lo salva y lo constituye en la unidad.
En Él y gracias a Él, también la vida social puede ser nuevamente descubierta...en cuanto signo de una gracia que continuamente se ofrece a todos y que invita a las formas más elevadas y comprometedoras de comunicación de bienes"
Extraído del compendio de la DSI, punto 196.
"...Existen muchos hermanos necesitados que esperan ayuda, muchos oprimidos que esperan justicia, muchos desocupados que esperan trabajo, muchos pueblos que esperan respeto: ¿Cómo es posible, que en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado
al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental;
quien no tiene techo donde cobijarse?..."
(extraído de la introducción del Compendio de la DSI).
Cualquier reflexión que quieran proponer para la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia serán bienvenidas a justiciaypaz@cea.org.ar
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