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Las causas macroeconómicas que influyen
directamente en el aumento de la pobreza son la inflación y la falta de
crecimiento económico. Cuando estos dos factores se dan juntos, se
potencian y crece el número de personas que viven en situación de
pobreza. La inflación produce un deterioro en la capacidad
adquisitiva de los salarios de los trabajadores y esto se agrava en los
sectores más pobres que cuentan con bajos ingresos. A su vez, la falta
de crecimiento repercute en los índices de empleo y afecta a sectores
como la construcción, la industria textil y metalmecánica, que son los
que demandan mayor mano de obra.
No obstante, la experiencia nos
ha demostrado que en los períodos de baja inflación y crecimiento
económico (desde 2003 a 2007 y también después de la hiperinflación de
1989), existe en Argentina un núcleo duro de alrededor del 20% de la
población que se mantiene en situación de pobreza y esto se debe a que
la problemática del pobre es mucho más compleja y no es resultado solo
de la falta de ingreso.
Hay otras dimensiones de la vida de las
personas que se encuentran en situación de pobreza extrema que
trascienden lo económico y que afectan de manera directa su capacidad
de acceder a oportunidades que los ayuden a salir de esta situación.
Entre estas dimensiones se encuentra la crisis familiar, la ausencia de
modelos a seguir, la cada vez más acuciante problemática de la droga y
el alcohol, la inseguridad, el clientelismo, la marginalidad, el
hacinamiento, la falta de acceso al sistema de salud, la deserción
escolar y los altos niveles de repitencia.
Es decir que, al
tratarse de un problema complejo, exige una solución integral que, como
primer paso, debe buscar garantizar un ingreso básico para disminuir la
pobreza extrema pero, a su vez, debe involucrar políticas públicas
relacionadas a salud, educación, vivienda, capacitación laboral y lucha
contra las adicciones, entre otras.
El gobierno nacional ha
encarado este problema al comprometerse a llevar adelante el programa
de Asignación Universal por Hijo. Desde la Iglesia recibimos con
profunda satisfacción el anuncio realizado por la presidenta Cristina
Kirchner acerca del decreto correspondiente porque entendemos que éste
es un primer paso importantísimo en el reconocimiento de la
problemática y la búsqueda de una solución rápida. Creemos que es
necesario, sin embargo, que esta iniciativa surja del consenso de todos
y se discuta su instrumentación en el ámbito parlamentario ya que en un
diálogo institucional maduro se pueden encontrar las leyes más aptas
que respondan a las urgentes necesidades de nuestros hermanos más
pobres. Confiamos en que este camino es el más apropiado y nos
permitirá alejarnos de actitudes que puedan ahondar las divisiones y la
fragmentación de nuestra sociedad.
Hemos escuchado y estudiado
tanto el decreto del Poder Ejecutivo Nacional como las propuestas
elaboradas por distintas fuerzas políticas y creemos que todos pueden
hacer un aporte valioso al debate en un intercambio sincero y abierto.
Como
aporte al debate acerca de la Asignación Universal por Hijo
consideramos que la fuente de financiamiento no debería ser la Anses
sino que los fondos deberían surgir del Presupuesto Nacional. En cuanto
a la implementación de esta iniciativa, parecería que el plazo de un
mes es demasiado corto para lanzar el proyecto por varios motivos: en
primer lugar, por su difusión, ya que estamos hablando de alrededor de
seis millones de personas que deberían recibir la información
correspondiente a la asignación, los requisitos para acceder a ella,
los lugares de pago, etc. En segundo lugar, por el tiempo que llevará
la registración de todas esas personas en una única base de datos en la
que pueda cruzarse la información para que no se duplique el
otorgamiento de la asignación. En tercer lugar, por la capacitación de
todo el personal necesario para llevar adelante un proyecto de estas
magnitudes (entidades de pago, difusores, etc.).
Sugerimos
realizar la inscripción en más tiempo (2 o 3 meses) y que los que
reciban esta asignación en último lugar puedan cobrar retroactivo
aquellos pagos que no pudieron recibir a tiempo.
Creemos que
sólo el dictamen de una ley permitirá que la asignación por hijo sea
realmente universal, que alcance a todos los niños, niñas y
adolescentes desde la concepción hasta los 18 años de edad,
independientemente de la condición social, laboral o económica de sus
padres o tutores. La universalidad de la asignación y una
instrumentación transparente de la misma garantizarán un ingreso básico
evitando caer en la selección arbitraria de los beneficiarios por medio
de actitudes clientelistas. Esta asignación no debería ser considerada
como un subsidio sino como un derecho que pretende ponerle fin a la
desigualdad de base que existe en nuestro país, equiparando el acceso a
la seguridad social y promoviendo las condiciones para el desarrollo
integral de todos los niños.
La Constitución sostiene, entre
las atribuciones del Congreso, “legislar y promover medidas de acción
positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y
el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta
Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre DD.HH.,
en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las
personas con discapacidad. Dictar un régimen de seguridad social
especial e integral en protección del niño en situación de desamparo,
desde el embarazo hasta la finalización del período de enseñanza
elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia.”
(art. 75, inc. 23)
El derecho de los niños y niñas a la
seguridad social está sancionado por la Ley de Protección Integral de
los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Ley 26.061), en su
artículo 26, el cual establece que: “Las niñas, niños y adolescentes
tienen derecho a obtener los beneficios de la seguridad social. Los
organismos del Estado deberán establecer políticas y programas de
inclusión para las niñas, niños y adolescentes, que consideren los
recursos y la situación de los mismos y de las personas que sean
responsables de su mantenimiento”.
La misma ley garantiza en
su artículo 28 el principio de igualdad y no discriminación: “Las
disposiciones de esta ley se aplicarán por igual a todos las niñas,
niños y adolescentes, sin discriminación alguna fundada en motivos
raciales, de sexo, color, edad, idioma, religión, creencias, opinión
política, cultura, posición económica, origen social o étnico,
capacidades especiales, salud, apariencia física o impedimento físico,
de salud, el nacimiento o cualquier otra condición del niño o de sus
padres o de sus representantes legales.”
Es fundamental que
como sociedad asumamos nuestra responsabilidad frente al problema de la
pobreza y velemos por la promoción de políticas de estado que se
mantengan con el correr de los años para poder así erradicar
completamente la pobreza y promover el desarrollo integral de todos los
argentinos de cara al Bicentenario Patrio (2010-2016). z we
CV
Eduardo Luis Serantes es ingeniero agrónomo por la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Fue
miembro del Consejo de Fundapaz, director de la Comisión Diocesana de
Cáritas de San Isidro, representante de Cáritas Argentina, en el
SELACC, en Cáritas Cono Sur y en las Asambleas de Cáritas Internacional
y director de la Comisión Nacional de Cáritas Argentina. En la
actualidad es presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz del
Episcopado.
En el orden profesional, Serantes fue asesor,
administrador y director de distintas empresas agropecuarias y es socio
de Cazenave y Asociados S.A.
Fuente: El Cronista Comercial
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