Los hermanos sean unidos…

LOS HERMANOS SEAN UNIDOS…

Reflexiones en torno al 9 de julio

El 9 de Julio los argentinos celebraremos 198 años de vida independiente.
La independencia adquirida con el sacrificio de muchos es ahora responsabilidad común de las autoridades del Estado, los dirigentes de la sociedad civil y, en definitiva, de todos nosotros, el pueblo de la Nación Argentina.

Nuestra fiesta debería ser celebrada por todos sin reservas, sin angustias y sin rencores. Hay mucho que celebrar, pero también hay mucho que superar para que la celebración alcance a todos. Aprovechemos la fecha para reflexionar sobre los alcances de aquella responsabilidad común. Debemos preservar nuestros logros y corregir nuestras carencias.

Vivimos en un mundo cada vez más caracterizado por la interdependencia. Una interdependencia de solidaridad y cooperación, y también de egoísmo y afán de dominio. Debemos tomar decisiones visionarias y valientes, que asuman la responsabilidad solidaria de cada generación y cada mandato gubernamental respecto de las generaciones y gobiernos que los sucederán.

Parte del patrimonio que hemos recibido en herencia desde nuestra independencia ha sido el honor y el prestigio de nuestra Argentina entre las naciones. Ese patrimonio y esa independencia se consolidan o se mancillan según sea nuestra conducta como ciudadanos y como sociedad. Si somos fieles a la verdad, a los valores que recibimos en herencia y cumplidores de la palabra empeñada, generaremos relaciones de confianza y trabajaremos en equipo entre nosotros y con el mundo.

Vivimos momentos propicios para la reflexión y el diálogo. Nos debemos una discusión profunda y honesta del país que queremos y, sobre la base de las conclusiones, el consenso sobre una serie de políticas fundamentales que deberían respetarse con independencia de quién esté a cargo de la administración de la cosa común.

En el balance entre nuestras alegrías y nuestras penas, es mucho lo que todavía debemos corregir sin caer en la tentación de triunfalismos o derrotismos. Entre los asuntos a corregir nos permitimos enfatizar la importancia de alcanzar una profunda reconciliación, revalorizar el respeto por la ley y recrear la amistad social, como sentimiento que nos une, aun en diversidad, por el hecho de ser argentinos.

Nuestros obispos se han referido con claridad a la violencia que padecemos en nuestra sociedad, y nos toca a cada uno cambiar ese clima de violencia, empezando por reconocer y respetar como amigo al vecino, al opositor político, al policía y al rival deportivo, incluyendo a todos y muy especialmente a los más pobres y vulnerables. Procuremos todos, con nuestra conducta, ser custodios ejemplares de la ley y las normas que rigen, en sentido amplio, nuestra convivencia nacional; responsabilidad que alcanza muy especialmente a todos los que asumen roles dirigenciales en todos los ámbitos, en tanto líderes y modelos de comportamiento para la sociedad.
Sepamos responder con generosidad al desafío de hacer de nuestra patria todo lo que sus posibilidades prometen.

Que Nuestra Señora de Luján interceda por todos nosotros.
Con este ánimo festejemos entonces con alegría y sincero esfuerzo por ser mejores.
¡Viva nuestra patria Argentina!

Comisión Nacional de Justicia y Paz

9 de julio de 2014