Proteger la vida y la seguridad de las y los jóvenes

Lamentablemente, cuestiones relacionadas con la seguridad son noticia diaria. Frecuentemente afectan a grupos vulnerables: ancianos, mujeres, jóvenes, comunidades aborígenes, campesinos. Muchos hechos, posiblemente la mayoría, no tienen publicidad; o, según quienes sean o se consideren víctimas, alcanzan mayor o menor repercusión pública. Frente a ello, distintas voces expresan preocupaciones y reclamos; con sobrada razón, porque alteran la convivencia pacífica y destruyen. Gracias a Dios, la inmensa mayoría de nuestra sociedad aspira a vivir sin temores en un ámbito en que se respeten los derechos.
Se escuchan voces que proponen vías diferentes para enfrentar la inseguridad. Algunas poco compatibles con el estado de derecho. Otras centralizan la problemática en la seguridad física o de los bienes materiales. No siempre se profundizan las causas que la provocan o favorecen. Presentar como “ejemplares” hechos mal llamados de justicia por mano propia o justificar actos violentos y delictivos sin esperar veredictos judiciales, no deberían caber en un país que aspire a pacificarse. Ante los hechos en los que se han visto involucrados algunos miembros de las fuerzas de seguridad y que impactan en el corazón de nuestro pueblo queremos compartir nuestra preocupación, expresar nuestro dolor y pedir a las autoridades todos los esfuerzos necesarios para esclarecerlos, sancionar a quienes no obran de acuerdo a la ley y promover la formación de quienes tienen la obligación de proteger a los ciudadanos. Los hechos de violencia de gravedad extrema inducen a suponer que en algunas estructuras de las fuerzas de seguridad se incrustan procedimientos incompatibles con el Estado de Derecho y que, al quebrar sus principios básicos, representan una amenaza particularmente para los jóvenes y las personas más vulnerables, que son objeto a menudo de torturas, tratos crueles, inhumanos o degradantes. Reconocemos y valoramos el esfuerzo de los varones y mujeres que trabajan día a día por la seguridad ciudadana con verdadera vocación de servicio; sin embargo es urgente corregir situaciones altamente dañosas y promover una seria y adecuada formación para el ejercicio del rol que el Estado les confía, dejando definitivamente atrás la creencia que las tareas de las fuerzas de seguridad habilita para la impunidad. Corresponde al Estado garantizar la seguridad en todos los aspectos, el respeto a los derechos y el cumplimiento de los deberes. Es importante su presencia en nuestros barrios, pero debe serlo siempre en el marco de la ley ,con los procedimientos que surgen de la misma , promoviendo en quienes asumen este servicio a la comunidad, un cambio en las acciones agresivas, sean físicas o verbales, que muchas veces se dan, eliminando toda forma de actuación que implique una clara desproporción en la intervención de su tarea, llegando a suscitarse que quienes deben cuidarnos, agredan con mucha violencia, incluso llegando al gatillo fácil. La vida es un valor sagrado, el respeto por su dignidad, el empeño por que cada persona pueda desarrollarse integralmente, construyendo una Nación justa y solidaria, lejos de la inequidad que también genera violencia, es el mensaje que no dejaremos de anunciar y la tarea que estamos empeñados en realizar desde cada comunidad cristiana y que proponemos a toda la sociedad civil y a cada uno de nosotros.
En la construcción de una convivencia pacífica toda la ciudadanía tiene responsabilidades. La familia, el barrio, el club, las organizaciones de la sociedad civil, las iglesias son escuelas de construcción y experiencias de civilidad. Ámbitos preciosos que tienen capacidad de educar para la paz, formar corazones sensibles, voluntades abiertas a la solidaridad que rechazan las violencias. Su debilitamiento atenta contra la pacificación. Por eso apelamos a las autoridades de los diversos niveles y a todos los dirigentes, para que cumplan con el compromiso de formar, de garantizar la seguridad en el marco de procedimientos que por encima de todo respeten la vida, que con transparencia y sin corrupción contribuyan “a la construcción de un orden fundado sobre la verdad, la justicia, el amor y la libertad». Manifestamos nuestra solidaridad con las victimas de toda forma de violencia y sus familias y en especial con las familias involucradas en los acontecimientos de estos últimos días, que sufren por sus seres queridos. Este abrazo conlleva el reclamo y la exigencia de que se recorran todos los caminos de la verdad y la justicia que lleven a esclarecer los hechos y a sancionar a los responsables.